LAS PIFIAS DE LOS MALTRATADORES DE ANIMALES. PÍO BAROJA: ESE GRAN DESCONOCIDO.

En la web de Córdoba Taurina

http://cordobataurina.blogspot.com/

se puede ver bien grande, en la cabecera, una supuesta frase de Pío Baroja

Esto no esta muerto; Córdoba es un pueblo que duerme”.

Tras recuperarnos del estupor que nos causa verlos hacer una vez más el ridículo –definitivamente hacer el ridículo debe ser algo adictivo, porque si no, no se explica- recomendamos a los maltratadores de toros y caballos que elijan mejor las citas literarias que usan para ilustrar sus pajas mentales, ya que la cita en cuestión, además de ajustarse más al movimiento antitaurino que al taurino por eso de que estábamos dormidos pero ya nos estamos despertando, DICEN que pertenece a Pío Baroja.

Pues bien, Pío Baroja no seguía precisamente una ideología carca y de derechas, sino que era un adelantado a su época, progresista, intelectual y un claro europeísta, por lo que evidentemente aborrecía las torturas de toros y caballos, como otros tantos colegas suyos de la Generación Del 98, que las consideraban espectáculos crueles, circenses y representativos de la Ejjpaña inculta y retrógrada.  Por este motivo, en su obra EL ÁRBOL DE LA CIENCIA, del personaje Andrés Hurtado, considerado por los estudiosos de Baroja como el propio Baroja, dice lo siguiente:

“ Ideas absurdas de destrucción le pasaban por la cabeza los domingos, sobre todo cuando cruzaba entre la gente a la vuelta de los toros, pensaba en el placer que sería para él poner  en cada bocacalle una media docena de ametralladoras y no dejar uno de los que volvían de la estúpida y sangrienta fiesta. Toda aquella sucia morralla de chulos eran los que vociferaban en los cafés antes de la guerra, los que soltaron baladronadas y bravatas para luego quedarse en sus casas tan tranquilos. La moral del espectador  de corrida de toros se había revelado en ellos; la moral del cobarde que exige valor en otro, en el soldado en el campo de batalla, en el histrión, o en el torero en el circo.
A aquella turba de bestias crueles y sanguinarias, estúpidas y petulantes, le hubiera impuesto Hurtado el respeto al dolor ajeno por la fuerza”.

En otra obra suya, LA BUSCA, también hay un personaje, Manuel, en el que Baroja se reflejaba y que se expresaba por el propio escritor. Y así vivía Manuel la “fiesta” taurina:

Un día de verano convidó a toda la familia y a Manuel a una corrida de toros. La Justa se puso muy elegante y bonita para ir con su novio. El señor Custodio llevaba las prendas de toda gala: el sombrero hongo nuevo; nuevo, aunque tenía más de treinta años; su chaqueta de pana, forrada, excelente para las regiones boreales, y un bastón con puño de cuerno comprado en el Rastro; la mujer del trapero llevaba un traje antiguo y pañuelo alfombrado, y Manuel estaba ridículo con su sombrero, sacado del almacén, que le salía un palmo por delante de los ojos; traje de invierno, que le sofocaba, y botas estrechas.

Detrás de la Justa y del Carnicerín, el señor Custodio, su mujer y Manuel llamaban la atención de la gente, que se reía al verlos.

La Justa se volvía a mirarlos y sonreía. Manuel iba furioso, sofocado; el sombrero le apretaba en la frente y le dolían los pies.

Salieron a la calle de Toledo y llegaron en el tranvía a la Puerta del Sol; allí subieron a un ómnibus, que los llevó a la Plaza de Toros.

Entraron, y, dirigidos por el Carnicerín, se colocaron cada uno en su sitio. Había empezado la corrida; la plaza estaba llena. Se veían todas las gradas y tendidos ocupados por una masa negra de gente.

Manuel miró al redondel; iban a matar al toro cerca de la barrera, a muy poca distancia de donde ellos estaban. El pobre animal, ya medio muerto, andaba despacio, seguido de tres o cuatro toreros y del matador, que, encorvado hacia adelante, con la muleta en una mano y la espada en la otra, marchaba tras de él. Tenía el matador un miedo horrible; se ponía enfrente del toro, tanteaba dónde le había de pinchar, y al menor movimiento de. la bestia se preparaba para correr. Luego, si el toro se quedaba quieto, le daba un pinchazo; después, otro pinchazo, y el animal bajaba la cabeza y, con la lengua fuera, chorreando sangre, miraba con ojos tristes de moribundo. Tras de mucho bregar, el matador le clavó la espada más, y lo mató.

Aplaudió la gente y comenzó a tocar la música. El lance le pareció bastante desagradable a Manuel; pero esperó con ansiedad. Salieron las mulillas y arrastraron al toro muerto.

Al poco rato cesó la música y salió otro toro. Los picadores se quedaron cerca de las vallas, los toreros se aventuraban un poco, daban un capotazo y echaban a correr en seguida.

No era aquello, ni mucho menos, lo que Manuel se figuraba; lo visto por él en los cromos de La Lidia. Él creía que los toreros, a fuerza de arte, andarían jugando con el toro, y no había nada de aquello; encomendaban su salvación a las piernas, como todo el mundo.

Después de los capotazos de los toreros, dos monosabios comenzaron a golpear con unas varas al caballo de un picador, hasta hacerle avanzar al medio. Manuel vio al caballo de cerca: era blanco, grande, huesudo, con aspecto tristísimo. Los monosabios acercaron el caballo al toro. Éste, de pronto, se acercó; el picador le aplicó la punta de su lanza, el toro embistió y levantó al caballo en el aire. Cayó el jinete al suelo, y lo cogieron en seguida; el caballo trató de levantarse, con todos los intestinos sangrientos fuera, pisó sus entrañas con los cascos y, agitando las piernas, cayó convulsivamente al suelo.

Manuel se levantó pálido.

Un monosabio se acercó al caballo, que seguía estremeciéndose; el animal levantó la cabeza como para pedir auxilio; entonces el hombre le dio un cachetazo y lo dejó muerto.

Yo me voy. Esto es una porquería -dijo Manuel al señor Custodio; pero no era fácil salir de allí en aquel momento.

-Al muchacho -dijo el trapero a su mujer- no le gusta.

La Justa, que se enteró, se echó a reír.

Manuel esperó la muerte del toro mirando al suelo; volvieron a salir las mulillas, y al arrastrar el caballo quedaron todos los intestinos en el suelo, y un monosabio los llevó con el rastrillo.

-Mira, mira el mondongo -dijo, riendo, la justa.

Manuel, sin decir nada ni hacer caso de observaciones, salió del tendido. Bajó a unas galerías grandes, llenas de urinarios que olían mal, y anduvo buscando la puerta, sin encontrarla.

Sentía rabia contra todo el mundo; contra los demás y contra él. Le pareció el espectáculo una asquerosidad repugnante y cobarde.

Él suponía que los toros era una cosa completamente distinta a lo que acababa de ver; pensaba que se advertiría siempre el dominio del hombre sobre la fiera, que las estocadas serían como rayos y que en todos los momentos de la lidia habría algo interesante y sugestivo; y, en vez del espectáculo que él soñaba, en vez de la apoteosis sangrienta del valor y de la fuerza, veía una cosa mezquina y sucia, de cobardía y de intestinos; una fiesta en donde no se notaba más que el miedo del torero y la crueldad cobarde del público recreándose en sentir la pulsación de aquel miedo.

Aquello no podía gustar -pensó Manuel- más que a gente como el Carnicerín, a chulapos afeminados y a mujerzuelas indecentes.

Al llegar a casa, Manuel arrojó de sí con rabia el sombrero y las botas y el traje con el cual había ido a la plaza tan ridículo…

Se comentó mucho por el señor Custodio y su mujer la indignación de Manuel, y a él mismo le produjo cierto asombro; comprendía que no le hubiera gustado; lo que le chocaba es que le produjese tanta ira y tanta rabia.

Pasó el verano; la justa comenzó a hacer los preparativos para la boda; Manuel, mientras tanto, proyectaba marcharse de casa del señor Custodio y salir de Madrid. ¿Adónde? No lo sabía; cuanto más lejos, mejor –pensaba”.

Moraleja:

Tauricidas, menos sangre y más blibliotecas.

Anuncios

6 comentarios

  1. Bueno, me has obligado a tener que registrarme en WordPress pero ha valido la pena.

    Lo bueno de todas las “figuras intelectuales” que en un momento dado se han sentido afines al mundo del toreo es que, de alguna manera, acaban reconociendo que se sienten atraídos por su cutrez y sus miserias. Si buscas un poco en Internet podrás comprobar como Hemminway (una de las “figuras” de la que tanto fardan los taurinos, por ser anglosajón -algo inaudito para ellos) reconocía sin tapujos su propia depravación e, incluso, escribió que los toros le parecían uno de los negocios más sucios inventados jamás. Lo que es más: su interés por los toros se basaba en parte en la premisa de que en la tradición anglosajona no existe nada parecido, es decir, la muerte convertida en “poesía” y “arte”, simple, pura y llanamente.

    Lo bueno del caso es que si se sabe leer entre líneas, todos los “taurinos tradicionalistas” reconocen de forma implícita y sin complejos la zafiedad del mundo de los toros. Lo malo del caso es que se está comenzando a formar una “nueva casta” en el mundo taurino que va a convertir los toros en puro marrketing, con tal de darle salida a los “excedentes” que las muchi.cientas.mil ganaderías que hay en España crían para servir justamente de “diversión”.

    Increiblemente, los “taurinos a la antigua” son tan enemigos de la “fiesta” como lo somos los “antitaurinos”.

    Saludos!

  2. “Aquello no podía gustar -pensó Manuel- más que a gente como el Carnicerín, a chulapos afeminados y a mujerzuelas indecentes.”

    Vaya, al parecer Pío Baroja acertaba de lleno, jajaja!

  3. Hola Araña. Bienvenido. Un placer verte por aquí.
    Precisamente de Hemingway hay algunas frases recopiladas en el post “Pobre de mí…Ya llegó el San Fermín”. En breve colgaremos una recopilación de info antitaurina de Lorca, Goya y otros personajes que la mafia taurina se adjudica como propios. Esperamos que sorprenda a más de 1.
    Lo malo es que la tauromafia ya va a por todas y el día 17 van a intentar por todos los medios jodernos. Esperemos que la operación retorno del puente haga su parte.
    Un abrazo.

  4. Animales libres y en su medio.
    A los animales hombres no hay que alimentarlos hay que educarlos.
    NO A LA TAUROMAFIA

  5. Un sitio con casos de maltratadores de animales agarrados.

    ¿Conoce más casos? Difunde!

  6. Adelante toda la gente con sensibilidad y cerebro, tarde o temprano acabaremos con estas tiranias de las costumbres.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: